“La Revolta de les Quinzenades”

En invierno de 1713, los ejércitos borbónicos mantenían el cerco sobre Barcelona, iniciado en julio del mismo año, y se desplegaban por todo el país para contener las hostilidades de la resistencia catalana. Para mantener los gastos que suponían estas fuerzas de ocupación, en diciembre de 1713, las autoridades borbónicas decretaron una contribución de guerra extraordinaria para Cataluña de 750.000 pesos. Esta nueva carga fiscal, que los castellanos llamaban contribución de los cuarteles de invierno o contribución repartida, fijaba unos cobros fraccionados cada quince días. De ahí que popularmente se conociera con el nombre de quinzenades.

El nuevo impuesto empeoraba la situación de miseria generalizada de una población que desde hacía años sufría la guerra y el pillaje. Además, la participación de soldados en la recaudación de las quinzenades derivaba a menudo en episodios de violencia hacia la población autóctona: medidas de fuerza, coacciones, incendios de propiedades, confiscación y subasta de bienes… Para los borbónicos, el fin de no dejar impunes a los morosos y evadidos justificaba los medios. A los autóctonos, la imposibilidad de pagar y, por tanto, el miedo a las represalias les empujaba a alzarse en armas y defenderse.

El 4 de enero en Sant Quintí de Mediona (Alt Penedès) se activó el detonante que acabaría haciendo explotar una revuelta popular, que de allí se extendió hacia las comarcas centrales, especialmente al Lluçanès. A mediados de enero de 1714 la localidad de Torelló (por entonces Sant Feliu de Torelló), alentada por los aires de revuelta que llegaban del Lluçanès, se adhirió a la rebelión junto a otros pueblos de su alrededor. Un somatén de Torelló capitaneado por Francesc Puigdesalit se integró a un contingente osonense de 1.500 hombres que atacó a los recaudadores de impuestos y se puso a las órdenes del ejército catalán del marqués de Poal para defender el territorio y fustigar a la guarnición borbónica del general Bracamonte, que ocupaba Vic. La determinación de las autoridades borbónicas de sofocar la revuelta a hierro y fuego tuvo consecuencias funestas para los habitantes de Torelló. Presumiblemente, la noche del 24 de enero de 1714, los refuerzos borbónicos, llegados a Osona bajo el mando del infame conde de Montemar, incendiaron Torelló como represalia por su adhesión a la revuelta y por el carácter marcadamente austriacista de la villa.

 Lluís Toneu i Panicot

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